Microrrelato: Presagio.
Al alba, la pequeña Yumi salió a dar un paseo por la desierta playa con su perrita Fumiko. Jugaban en la arena cuando lo vieron. Un cuerpo plateado, larguísimo, brillaba en la orilla bajo la espuma de las olas. Yumi se acercó con cautela. Era un pez, sí, pero jamás había visto uno así. Sus ojos parecían de cristal, su boca semejaba un suspiro congelado y una cresta roja recorría todo su cuerpo. Yumi pensó que aquel horrible pez era tan grande como su papá, pero mucho, mucho más feo.
De pronto, el agua empezó a alejarse con un murmullo
extraño. En segundos, las olas retrocedieron tanto que dejaron al descubierto
rocas que Yumi nunca había visto antes.
El pez remo había quedado varado del todo, con
sus escamas brillando como una velada advertencia.
Sólo entonces Yumi intuyó que algo mucho más terrible
que aquel pez estaba por llegar.
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