Microrrelato: El adepto.
En el templo de Sularh, como cada primer día de shawar, el sacerdote Abdeljabed comenzó su ritual, ante la atenta mirada de los cientos de feligreses que abarrotaban el templo. Todos ellos, hombres, mujeres y niños, mascullaban, más que susurrar, la consabida oración del afamado clérigo. Todos menos Ulbar Gathur, pues era la primera vez que acudía al templo. Sin dejar de pronunciar la letanía, Abdeljabed, quitó el paño dorado y descubrió la jaula del pájaro multicolor. La abrió y cogió al manso animal. Lo depositó con delicadeza sobre la pira y con un cirio negro prendió el conjunto de palos de vid y yesca. Cuando el pájaro comenzó a arder, los fieles callaron de repente y observaron cómo el ave de fuego levantaba el vuelo envuelto en llamas, para caer inerte unos instantes después sobre el altar. Concluida la ofrenda, los adláteres del sacerdote comenzaron su periplo por entre las bancadas del templo y las enormes columnas que lo sustentaban, portando unos cestill...