Microrrelato: Pedida de mano.
Aquella mañana de primavera, el príncipe Leonard de Lysia paseaba impaciente por los pasillos de palacio, con la cabeza hacia delante y las manos a la espalda. Aguardaba con ansiedad la llegada del séquito de la princesa Olina de Varnia. Había preparado personalmente hasta el más mínimo detalle de la recepción para sorprender a la que se convertiría en su flamante esposa. Había desbrozado los jardines y alimentado con maíz a los pavos reales; había apostado cantarines bardos en cada esquina, adornado las paredes de los salones con ricos tapices, sacado brillo a las vajillas de porcelana y a las estatuas de mármol, descorrido las colosales cortinas de seda para que entrase la luz primaveral en todas y cada una de las estancias de palacio… Rayando el mediodía, media docena de lujosas carrozas varnias llegaron al Palacio Real de Lysia, escoltadas por un nutrido batallón de soldados a caballo. La comitiva se detuvo frente a la puerta de la fachada principal y de una de las carr...