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Revista Axxon n°315

 Desde el día 2 de noviembre podéis leer en la revista Axxon el relato "Mensaje al pasado". Lo escribí tras una conversación con un amigo, en la que me aseguraba que él daría su vida por sus hijos en ese momento, sin dudarlo, pero que si volviera atrás en el tiempo y alguien de confianza le dijese lo que sería tenerlos y sufrir en el futuro, sin acordarse de ellos, ni conocerlos, no los tendría.  Y se esa conversación, nació ese relato. Espero que lo leáis y me digáis qué os parece.

Poema: Entre la Fe y el silencio.

      En mis manos tiembla el rastro de una duda que la noche no calma, ni el alba disipa. Quisiera creer, Señor de las Alturas, que tu sombra me guarda cuando el mundo me olvida.   Mas busco en lo profundo alguna huella, un pulso divino que al alma erija, y sólo hallo ecos, preguntas oscuras, como puertas cerradas que nadie vigila.   Me dicen que en tu nombre florece la ternura, que la bondad es senda que hacia tu casa camina; pero he visto al justo arder en la penuria, y al malvado, impune, alcanzar la cima.   ¿Dónde el faro, dónde la razón que alumbre este abismo en mi pecho que nadie ilumina? ¿Soy yo quien no escucha, o tú quien no responde, o es que la Fe es un puente que no se explica?   Sin embargo, algo en mí, tenue y humilde, susurra que el misterio también dignifica, que creer no es ciencia, sino herida, que dispone al corazón a abrirse, a salir de su guarida.   Y así camino, entre ...

Poema: El último refugio.

Sólo quedas tú entre todas las artes, tú, que no necesitas más pinceles que la sangre invisible de las venas, ni más cincel que el filo de una ausencia, ni más música que el temblor de un nombre pronunciado en la noche por los labios de quien ha amado y sabe que está solo. Mira a tu alrededor: todo ha sido entregado al prodigio de las máquinas. El lienzo ya no nace de una herida, ni el mármol del sudor de las manos, ni la música del pecho que se quiebra. Hay un dios de silicio en los talleres que fabrica belleza sin haberla conocido, que imita el universo sin haberlo contemplado, que reproduce el llanto sin haber llorado y alumbra mil crepúsculos sin haber visto el día. La imagen se ha rendido a su espejismo, la música se ha vuelto mercancía, la forma se ha entregado a la impostura. Todo cuanto era asombro, se replica, todo cuanto era fuego, se programa. Y el arte, ese animal herido y libre, acepta mansamente su correa y aprende a obe...

Relato: Churros para los condenados.

                                                                                                                                   Valladolid, julio de 1936 La primera vez que Jacinto vio a un hombre morir, estaba comiéndose un churro.  Tenía once años y había subido hasta San Isidro de la mano de su padre, que le había dicho que iban a ver algo importante. No le explicó qué. En aquellos días, los mayores hablaban en voz baja, las puertas se cerraban antes de anochecer y las conversaciones se interrumpían cuando aparecía un desconocido. Valladolid se había llenado de uniformes, de camisas azules, de rumores y de un miedo que parecía haberse instalado en los ...

Relato: La casita de humanos.

  Usubrrr tenía una preciosa casita de humanos. Los contemplaba embelesado cada mañana al despertar, mientras desayunaba o antes de ir al colegio. Seguía cada pequeño paso que daban con una sonrisa de complacencia en la cara y se despedía de ellos con inusitada efusividad, deseando volver cuanto antes de la escuela para observarlos de nuevo, tan afanosos en sus quehaceres cotidianos. Por eso, Usubrrr nunca se entretenía a charlar con alguien a la salida de clase, ni se quedaba jugando con sus compañeros en el parque, se dirigía a casa raudo y veloz para disfrutar de nuevo de la compañía de sus mascotas. Cuando llegaba, merendaba y hacía los deberes enseguida, pues no veía el momento de volver a estar con sus humanos. Sí, la verdad es que Usubrrr no era un niño muy sociable que digamos. Los taragomianos, en general, sí lo eran, ya que en el planeta Táragom eran habituales los mítines y las competiciones de habilidades físicas e intelectuales. Les encantaban también los conciertos al...

Microrrelato: Cyborg

Julius Shatton estaba harto de su brazo cyborg. Era la cuarta vez en dos años que lo llevaba a reparar a la clínica del doctor Dávila porque no conectaba bien los impulsos de su cerebro con la nanotecnología del brazo articulado. Sin él, tan sólo tenía un muñón y un hombro, del que salían un puñado de cables de colores y en el que lucía tatuada la serpiente de Asclepios. Le había ocurrido algo parecido, años atrás, con los riñones artificiales y con las prótesis biónicas de las rodillas, incluso con sus ojos cibernéticos. Había invertido mucho dinero en aquella tecnología –la mejor del mercado– y aún así, se había pasado los últimos noventa y cinco años trabajando como una mula para costearse aquellas intervenciones dudosamente satisfactorias del afamado doctor Dávila. A veces, en su fuero interno, mientras tomaba una copa de whisky escocés –el único viejo placer que conservaba– y miraba por la ventana de su lujoso apartamento de Park Avenue a los minúsculos transeúntes, Julius S...

Haiku 4

 Cruza el pinar, abriendo su abanico, la abubilla.