Poema: El último refugio.
Sólo quedas tú entre todas las artes, tú, que no necesitas más pinceles que la sangre invisible de las venas, ni más cincel que el filo de una ausencia, ni más música que el temblor de un nombre pronunciado en la noche por los labios de quien ha amado y sabe que está solo. Mira a tu alrededor: todo ha sido entregado al prodigio de las máquinas. El lienzo ya no nace de una herida, ni el mármol del sudor de las manos, ni la música del pecho que se quiebra. Hay un dios de silicio en los talleres que fabrica belleza sin haberla conocido, que imita el universo sin haberlo contemplado, que reproduce el llanto sin haber llorado y alumbra mil crepúsculos sin haber visto el día. La imagen se ha rendido a su espejismo, la música se ha vuelto mercancía, la forma se ha entregado a la impostura. Todo cuanto era asombro, se replica, todo cuanto era fuego, se programa. Y el arte, ese animal herido y libre, acepta mansamente su correa y aprende a obe...