Relato: Churros para los condenados.
Valladolid, julio de 1936 La primera vez que Jacinto vio a un hombre morir, estaba comiéndose un churro. Tenía once años y había subido hasta San Isidro de la mano de su padre, que le había dicho que iban a ver algo importante. No le explicó qué. En aquellos días, los mayores hablaban en voz baja, las puertas se cerraban antes de anochecer y las conversaciones se interrumpían cuando aparecía un desconocido. Valladolid se había llenado de uniformes, de camisas azules, de rumores y de un miedo que parecía haberse instalado en los ...