Camino de vuelta.
Aquel hombre llevaba todo el día hurgando con mecánica destreza entre los montones de desperdicios del basurero municipal. Excavaba y removía con un palo los detritus y separaba sin dudar lo que aún podía tener utilidad o una segunda vida de aquello que ya era completamente inservible. Tan sólo vestía una raída camiseta de tirantes y unos pantalones cortos de tela vaquera, totalmente ennegrecidos. Lucía una poblada barba y unas largas greñas que ocultaban casi por completo su cara. Tal vez no tuviera más de treinta años, pero parecía llevar toda la vida rebuscando entre la basura. Caía la tarde cuando tropezó con una bolsa de plástico de color naranja, en cuyo interior se adivinaba un objeto de aristas rígidas. Abrió la bolsa y comprobó que se trataba de una caja de cartón de medianas proporciones, en cuyo interior había un par de zapatos de buena piel, aunque visiblemente desgastados por el uso. Aún así, aquellos zapatos eran un estupendo botín para rematar la jornada. Cerró...