Microrrelato: Era un buen tipo.
Ramón Valle
era un buen tipo. Un marido cariñoso y padre comprensivo. La clase de persona
que cede el asiento a las viejecitas y mujeres embarazadas en el autobús; que
deja salir antes de entrar a los sitios; partidario de las colas bien
organizadas. Un ciudadano ejemplar, cumplidor con todos sus deberes fiscales,
los cuales veía como un bien para la sociedad más que como un mal necesario o
directamente una contrariedad. Un asiduo de las carreras benéficas y voluntario
de los comedores sociales por Navidad.
En el
trabajo aseguraban que siempre estaba de buen humor y presto para echar una
mano a sus compañeros.
Sus vecinos
tan sólo tenían buenas palabras para Ramón, siempre con su perenne sonrisa y
sincero saludo cuando se cruzaba con ellos en el ascensor o en el rellano de la
escalera y en cuya casa no se oía un ruido, ni una palabra más alta que otra.
En las juntas, apaciguaba los ánimos de los más exaltados con su cordialidad y sensatas
palabras. Un vecino ejemplar.
Los fines
de semana, cuando salía al monte a pasear con su familia, lejos de tirar basura
en la naturaleza, recogía la que encontraba por el camino para llevarla hasta
el contenedor más cercano.
Algunos
dicen que le vieron un par de veces acompañado por una mujer que no era su
amada esposa y que instintivamente identificaron como su hermana o su prima, al
achacarle a ambos un cierto parecido físico.
Por eso,
todos se quedaron atónitos al ver la noticia en la televisión, cuando la
Policía Nacional fue a buscarlo a su casa y lo sacaron con las manos esposadas
a la espalda. No podían creerlo. Sin embargo, dicen que no opuso resistencia, que
se le veía tranquilo, sereno, con una amable sonrisa y la frente bien alta.
Y es que en
el fondo, Ramón Valle era un buen tipo.
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